Este viernes 28 de abril, comenzaron en el Seminario Diocesano las esperadas IV Jornadas Nueva Evangelización (JNE) bajo el lema “Involucrarse”. Casi 500 agentes de pastoral disfrutaron de un marco idóneo para el crecimiento de la fe, la formación y la capacitación pastoral. Todo ello en sintonía con la Misión Diocesana en marcha y con la invitación del papa Francisco a ser mejores discípulos misioneros en una Iglesia que se siente llamada a ser y estar en estado permanente de Misión.

Cabe señalar que el Seminario Diocesano se “convirtió”, por un día, en una terminal de aeropuerto ya que el hilo conductual de estas jornadas será la realización de un viaje con destino a la “misión permanente”. Por tal motivo, el atrezzo, así como la vestimenta de los miembros del equipo de Nueva Evangelización estaban en sintonía con esta temática.

Las jornadas comenzaron con una obertura que ya garantizaba el pase a una experiencia nueva. Música, teatro y elementos visuales se combinaron de forma creativa para poner en escena la historia de un triste payaso capaz de despojarse de todo aquello que lo alejaba de la auténtica verdad. A través de este personaje, se invitaba a reconocer en nuestras vidas, cuántas veces nuestros estilos, horarios, lenguajes y estructuras necesitan “primerear” el encuentro con el Cristo resucitado que nos involucra en el abrazo de un mundo que llora anhelando amor. En definitiva, el mensaje que se quiso trasladar fue el del discípulo misionero, capaz de convertir el fuego interior de la experiencia de Dios en creatividad infinita de sanación.

Posteriormente, el delegado de Nueva Evangelización, Eduardo Rodríguez, saludó a los participantes en las jornadas haciendo hincapié en el destino de este “viaje”. “Volamos hacia la misión permanente de la Iglesia. Gracias por aceptar la invitación de estar aquí. Gracias por cumplir las palabras del Papa: ‘Dejar que la vida se complique maravillosamente. Este fin de semana no nos vamos de vacaciones. Venimos a trabajar. Venimos a estar juntos. Todos y cada uno. Por tanto, el menú debe ser degustado en grupo. Para que esto sea posible todos debemos implicarnos”, señaló Rodríguez.

El delegado de Nueva Evangelización también advirtió del peligro de los mensajes vacíos. “Cuidado con las palabras justificadoras. Siempre hay una razón para oponerse. Cuidado con las palabras acusatorias. Acusar sin mirarnos. No nos dejemos vencer por las resistencias. Convirtamos todo en oportunidades. Estar todos aquí es un milagro de comunión”, concluyó Rodríguez.

Seguidamente, tomó la palabra el obispo Bernardo Álvarez para comenzar recordando que hemos sido llamados a salir a predicar el evangelio. “Busquemos que nuestro trabajo sea fructífero”, indicó el prelado para luego preguntar a los presentes: “Cuando hacemos misión, ¿qué ofrecemos a la gente? Le ofrecemos la salvación que Dios quiere para todos los hombres. Esa voluntad de Dios se nos infunde a nosotros. Lo que Cristo realizó hay que proclamarlo a toda la tierra para conseguir que ese efecto se extienda en todo tiempo y en todo lugar”.

Por otro lado, el prelado volvió a esbozar otra cuestión: “¿Qué es la salvación?” En este sentido, Álvarez expresó que todo el que cree en Dios y vive en comunión con él, está salvado. “La misión es un acontecimiento. Cuando anunciamos a Cristo, está aconteciendo la salvación. La actividad misionera es la realización de la salvación de Dios en el mundo. La salvación cabalga a hombros de cada uno de nosotros, a hombros de la Iglesia”.

Monseñor Álvarez añadió que hoy día el mensaje de Cristo es el mismo, pero ha cambiado el modo de presentarlo. “Depende de la Iglesia y de los medios con los que se cuenta. Cada situación requiere acciones concretas y medios adecuados”.

El prelado hizo hincapié en una frase que suele utilizar en sus mensajes: “No tenemos derecho a evangelizar a quien no amamos”. En este sentido, indicó que el amor debe ir siempre por delante. “Dios nos ama porque él es amor, no lo hace por nuestros méritos. Debemos respetar el ritmo de quien evangelizamos. También, tener cuidado con las afirmaciones que puedan herir y, por supuesto, cuidado con rebajar el evangelio, con el buenísimo. Hay que ser pacientes y a la vez, pedagogos”, concluyó el obispo nivariense.

Tras las palabras del prelado, fue el turno de José María Rodríguez Olaizola, jesuita y ponente de estas jornadas. Olaizola en su primera intervención en estas jornadas disertó sobre “Hacer de nuestras vidas una Eucaristía”.

El coordinador del proyecto de evangelización digital “Rezandovoy”, comenzó su ponencia haciendo referencia a que en la actualidad hay poca práctica religiosa. “Mucha gente que va a misa se aburre. Y, a veces, la razón es porque no entienden nada de lo que allí sucede. Los curas en esto también somos responsables si no somos capaces de vincular lo que se celebra con la vida. Si caemos en el error de que lo más importante es la homilía”.

En este sentido, Olaizola expresó que la clave es entender lo que está en el fondo en cada eucaristía. “Hay mucho en juego. No se trata de ir o no ir a misa. Se trata de hacer de nuestra vida una eucaristía. Los protagonistas de la eucaristía son tres: Dios, uno mismo, y el mundo (comunidad y sociedad). Si no vivimos estas realidades, la misa no nos sirve”.

Olaizola recordó que lo primero que tenemos que hacer en misa es escuchar. “Dios habla. Es verdad. No es cuestión de tener una dimensión mística. Tenemos su palabra en la Biblia. El reto de quién hace la homilía no es elaborar una clase de teología o de análisis. La única función es traducir esa palabra para que cada uno la escuche como dirigida para su vida. Después, se nos devuelve el turno a nosotros. Podemos expresar nuestra fe, pedir y ofrecer.

¿Y por qué pedimos si a veces no se me da nada? Solo hay una petición y es la del huerto. Por una parte, se expresa lo que se tiene, lo que llevamos. Pero al final debemos confiar en la voluntad. Lo que se pide es que se cumpla la voluntad de Dios”.

En cuanto a las ofrendas, Olaizola indicó que Jesús se ha ofrecido por nosotros. “Somos sus escogidos. Dios te escoge el primero porque somos imprescindibles. Luego, somos bendecidos”. En este aspecto, el jesuita recordó que bendecir no es adular. “Es ser capaz de decir la verdad del otro. Y eso salva mucho. Dios te quiere como eres y te quiere mejor. Y esa mirada te sana”.

Olaizola expresó que una palabra que le gusta mucho es “partir”. “En la vida hay que romperse. El mundo dice que hay que mantenerse. Lo primero es cuidarse. Pero, sin embargo, el verdadero mensaje, lo natural, es gastarse, darse. Lo natural es llegar al final de la vida con cicatrices, porque hemos amado. Pero gástate en lo que realmente valga la pena. No es no romperse, es poner el corazón en algo que valga la pena”.

Según Olaizola éste es el paso previo para luego entregarse. “La eucaristía nos invita a darlo todo. Nos invita a la comunión rezando el padre nuestro y con el gesto de la paz. Es tender la mano al que tienes al lado, incluso a quien no conoces. Un acto de confianza en un mundo que desconfía de todo. Hay que huir es de la perfección. Muchos piensan que solo comulgan los perfectos. Si fuera así, ni el cura comulgaría. Tenemos que vivir la teología del deseo. Desear que tu vida se parezca a esta vida que celebramos. La comunión es recibir a alguien que nos une y nos sana”, concluyó Olaizola.

Tras un turno de preguntas y la cena, el primer día de las jornadas concluyó con una vigilia de oración por los frutos de la Misión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *